Sacos de trigo, cereal, telas y otros productos de primera necesidad. Gritos y mucho bullicio para lograr que compren en su puesto y no en el de al lado. La plaza Mayor de Albarracín se ha convertido en un gran mercado medieval lleno de atractivos tenderetes. Eso es la magia del cine. Tras el rodaje, ayer, en el cañón de Calomarde, el equipo –llevan ya trabajando varios días– se traslada hoy a Albarracín, donde comenzará la grabación de alguna de las escenas que formarán parte de la película The promise.

Sacos de trigo, cereal, telas y otros productos de primera necesidad. Gritos y mucho bullicio para lograr que compren en su puesto y no en el de al lado. La plaza Mayor de Albarracín se ha convertido en un gran mercado medieval lleno de atractivos tenderetes. Eso es la magia del cine. Tras el rodaje, ayer, en el cañón de Calomarde, el equipo –llevan ya trabajando varios días– se traslada hoy a Albarracín, donde comenzará la grabación de alguna de las escenas que formarán parte de la película The promise.

No se estrenará hasta dentro de un año, pero los habitantes de la localidad turolense están ya sintiéndose protagonistas de la cinta de Terry George (Hotel Rwanda). Todos están “expectantes”, reconoció ayer el alcalde de la localidad, Francisco Martí, ante el inminente inicio del rodaje; ya que el “despliegue” es “imponente”. Y es que alrededor de 400 personas –entre ellas 30 se dedican solo a la peluquería– forman parte del equipo de producción de la película, a los que hay que sumar unos 350 extras, en su mayoría, “por no decir todos”, de la zona. Esto provoca un trasiego por las calles de la localidad nunca visto hasta el momento.

La plaza mayor será el escenario principal, con todos los puestos de venta de alimentos de hace un siglo. La plaza “se reconocerá” en la película pese a la decoración, según afirma el alcalde de Albarracín, así como la farmacia, donde también se rodará. Los únicos elementos externos son un abrevadero de piedra que se ha colocado en el centro de la plaza, pero que “quien no conoce la zona pensará que está de toda la vida”; y un arco en la calle del Chorro.